lunes, 21 de noviembre de 2016

EL OTRO


Jose Luis Gärt
Uno nunca se llama por su propio nombre, y si lo hace acaba por comprender que es imposible reconocerse en una o dos palabras. Y es que a fuerza de mirar desde dentro, apenas sabemos nada del intruso que se asoma al espejo.

De ahí que me viera obligado a sumergirme al otro lado de la luna de cristal con la legítima intención de perseguir al simétrico individuo que curiosea mi cara cuando enciendo la luz del cuarto de baño. Y en esas estaba, cuando lo vi lanzarse hacia mí con una decisión inquebrantable, hasta el punto en que nos dimos de bruces el uno contra el otro. Ahora, rizando el rizo del patetismo, nos hemos roto las narices en el mismo punto. Seguimos, eso sí, sin saber nada el uno del otro.

2 comentarios:

  1. Pues no tenías bastante con el codo que, encima, las narices. ¡A ver si te van a dejar preñao!

    ResponderEliminar