lunes, 9 de enero de 2012

TANGO de Slawomir Mrozek.



(A continuación transcribo textualmente -o casi- un fragmento extraído de la conversación entre el señorito Arturo con Edek, que hace las veces de criado, perteneciente a la obra "Tango" de Slawomir Mrozek)





(ARTURO: ¿Se te ocurre alguna idea Edek?)
EDEK: El progreso, señor.
ARTURO: ¿Cómo hay que entenderlo?
EDEK: En general. El progreso.
ARTURO: ¿Pero qué progreso?
EDEK: El progresista. Hacia delante.
ARTURO: Es decir, el que avanza.
EDEK: Así es. Con la parte delantera hacia delante.
ARTURO: ¿Y la parte trasera?
EDEK: Con la parte trasera también hacia delante.
ARTURO: Pero entonces la delantera se convierte en trasera.
EDEK: Eso depende de cómo se mire. Si se mira de atrás hacia delante, la parte delantera estará delante, aunque por detrás.
ARTURO: Lo veo poco claro.
EDEK: Pero progresista, señor.

El fragmento del texto dramático “Tango” que acabas de leer no es más que una muestra del genio creativo de Mrozek. ¿Te suena? ¿A que no? ¡Faltaría más! Estamos hablando de un gran escritor, y no de un foliculario mediático, que es cosa diferente. El escritor polaco ha empezado a ser conocido en España gracias a las publicaciones de la editorial Acantilado que recogen una pequeña parte de sus relatos. El árbol, El elefante, La vida contemporánea, Huida hacia el sur y otras compilaciones de la obra breve de Slawomir Mrocek nos dieron una idea de lo que un autor puede lograr despojando el estilo de florituras y afrontando el acto supremo de la creación literaria como un homenaje a la inteligencia en acertada complicidad con el lector. Pero el teatro de Mrozek es un punto y aparte. Estamos hablando de una de los mejores textos dramáticos que se han escrito en el siglo XX. La visión del concepto socio-político del mundo a través de una familia subyugada por la necesidad de buscar sentido a una existencia que carece del menor sentido –Cioran mediante- ha sido expuesta de manera prodigiosa por el prolífico autor polaco. Esta obra es una pieza que se presta a servir de guía por nuestros recodos más oscuros, pero también una de esas gozadas para ese tipo de lectores que se atreven con el teatro como joya literaria y no sólo como espectáculo. En “Tango” está contenido lo mejor y lo peor de la condición humana sin que parezca metido con calzador. Esta pieza, de una agilidad asombrosa, posee un pensamiento que explora más allá de lo razonable, hasta derribar todos esos mitos sociales que nos enseñaron en nuestra más tierna infancia. Leyendo este texto, uno puede reconciliarse con sus ideales, e incluso puede que sirva de estimulante para enviarlos a paseo. El ideal está muy bien en la circunscripción del universo de las ideas; cosa diferente es la puesta en práctica. Eso ya es harina de otro costal.
Frente a la insustancialidad de lo que hoy se nos vende como teatro, y que luego resulta ser un subterfugio para adormilar conciencias, el “Tango” de Slawomir Mrozek tiene tanta sustancia que podría resultarnos indigesto, sobre todo a los que corran el riesgo de sentirse retratados.

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