lunes, 26 de septiembre de 2016

DRÁCENA

Dracaena marginata



En un rincón del saloncito de mi casa tengo una hermosa drácena con dos troncos y un sin fin de hojas alargadas como cintas. Durante de los últimos años he ido comprobando que esta planta tiene una curiosa relación con la música. El caso es que suelo escuchar algunas piezas en mi viejo gramófono, cuyos altavoces no están muy alejados de la drácena y he podido constatar que mi exuberante compañera cambia de morfología. Pero lo más curioso es que no reacciona igual con todas las músicas que le invito a gozar. Si le pongo alguna obra de Händel, ella no tarda en presentar un aspecto grandilocuente, e incluso algo engreído. Por contra, con los nocturnos de Chopin se me torna algo mustia, como si hubiera perdido la alegría. Con Johann Sebastian no tarda en mostrarse trascendental elevando sus hojas hacia el infinito, mientras que al escuchar a Mozart, da la sensación de estar envuelta en el puro entusiasmo.
Pero he aquí que, si me siento al piano y acaricio con la debida delicadeza un arabesco de Debussy, toda ella se recubre en radiantes florecillas como explosiones de aromas inéditos y sonrosados colores.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MANIFIESTO POR LA PROHIBICIÓN DE LA LITERATURA


Dado que -a decir de los agoreros- esa cosa tan extravagante que es leer Literatura tiene los días contados, los abajo firmantes elevamos nuestra voz en favor de la prohibición de la Literatura. Quede claro y patente que no nos referimos a los libros en general. Descartamos por tanto las novelas puramente argumentales, los llamados best sellers al peso y los libros de autoayuda, cocina, viajes, deportes y otras vicisitudes.

Entendemos que la Literatura no es un mero entretenimiento, ni un subterfugio a medio camino entre el terreno trillado y el lenguaje cinematográfico. El lenguaje literario, al igual que las fórmulas matemáticas de Ramanujan, es una búsqueda legítima del ser humano hacia la más singular de las bellezas. Una belleza destinada a la emoción intelectual de aquellos que se quieran tomar la molestia de buscar más allá del paisaje evidente.

Es un hecho contrastado que la Literatura existe para incomodar al pensamiento y alterar las fronteras imaginativas. Es, por tanto, un elemento subversivo y desequilibrador del orden establecido.

La Literatura incordia, crea inconformismo, suscita visiones subjetivas de la realidad y aparta a las ovejas del redil. Y además es fuente de estímulos y placeres altamente perniciosos para las almas cándidas.

Y es por eso que, como toda forma de transgresión, debe ser prohibida por las autoridades competentes o incompetentes, hasta el punto de que, toda edición, publicación o venta del producto literario, será inevitablemente marginada de las prácticas mercantiles regladas.

Sabemos que todo aquello que es prohibido, proscrito o ilegalizado, alcanza un morboso atractivo que nubla el sentido común e invita a delinquir. Pasó con el fruto prohibido, sucedió con los placeres carnales, está sucediendo con el tabaco y el cánabis, y no dejará de pasar con el botellón. Pasó, incluso, con Lolita de Nabokov, que a fuerza de prohibirse, fue leída hasta en el Vaticano. Cuanto más se prohíba una práctica, más se generaliza. El ser humano no está hecho para acatar restricciones.

Contamos con la posibilidad de que el mercado negro de grandes obras literarias se generalice. Un ejemplar clandestino de bolsillo de los sonetos de Shakespeare, alcanzaría un precio desorbitante en las reventas. Las novelas de Perec, Celine, Cortazar o Mann, correrían -bajo cuerda, eso sí- como la pólvora. Los cuentos de Poe, Ayala, Borges o Mrocek, pasarían a formar parte de la memoria colectiva de las generaciones venideras.

De todas maneras, abogamos por la prohibición de la Literatura, sabiendo que tal medida no tendrá consecuencias apocalípticas. El mercado de pirotecnia escrita seguirá produciendo grandes cifras y los de siempre seguirán haciendo lo que siempre han hecho: darle más vueltas a la nada.

Prohíban la Literatura, y de paso la filosofía. Tengo unos volúmenes de Shopenhauer que harían las delicias de los futuros adictos.





Fdo:



Miguel Arnas
Ludovico Clemenza

Ángel Olgoso
Ignatius J. Reilly

Miguel Mochón de la Torre
Lola Cobaleda

Elisa Serna
Marina Tapia
T.H. Agapito
Sextercio Pírrico
Isidoro Capdepón
Porrón de Elea
Carmen García Tortosa
Cósimo Piovasco di Rondò

Jose Luis Gärtner

 "Porque la vida no basta". Álvaro Cunqueiro


miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA MEMORIA AFECTIVA



Reinaldo Jiménez entre la tierra y el mar
Hay recuerdos insignificantes que permanecen de manera indeleble en algún rincón de la memoria, como la luz que se enciende en el frigorífico al abrir la puerta y nos urge a elegir entre la escasez y la necesidad. De vez en cuando nos asalta la sensación de estar viviendo un déjà vu cuando un gesto o una palabra precisa suena como una música soñada. Pero también tenemos la capacidad de olvidar aquellos afectos que, en realidad, no lo fueron tanto, o que pasaron por nuestra percepción como estrellas fugaces.

Luego están esos recuerdos que, por su impronta emocional, forman parte de la persona hasta que deja de ser persona o se sume en la borrosa noche de las amnesias. Uno no debería olvidar a aquellos seres que una vez compartieron un espacio reservado a la sinceridad.

Sucedió ayer que, después de veinticinco años, tuve uno de esos reencuentros que hacen brotar cascadas infinitas de recuerdos y evocaciones. Hace ya veinticinco (fugaces) años que compartía mis primeros pasos en el complejo universo de la palabra escrita con mi amigo y compañero de universidad Reinaldo Jiménez. Éramos -y supongo que seguiremos siendo- dos buscadores de tesoros inmateriales que compartieron sueños comunes en unos años, los ochenta, de incertidumbres y desafíos. Nos unía, eso sí, una energía creativa a prueba de fracasos e infortunios.
La poesía de Reinaldo apuntaba entonces hacia una dimensión íntima que, por suerte para los que le admiramos, se ha ido perfilando a fuerza de empeño y grandes dosis de sensibilidad. 
Reinaldo Jiménez, viejo amigo recuperado -aunque no tan viejo como el que escribe- ha construido jardines en esas cosas terrenales que suelen pasar inadvertidas a otros tantos poetas y escritores. Diría incluso, que su vida y su poesía son y serán la misma cosa: una delicada huella entre la tierra y el mar que exhala amor por lo que a otros nos pudiera parecer  sencillo.

sábado, 16 de julio de 2016

LA MARSELLESA

No estoy muy seguro de que la mayoría de nosotros, una joven democracia que todavía renquea, tengamos claro lo que significa esa canción. Me refiero, claro está, a ese himno de los que más de un patriotero denomina con desprecio "gabachos"
La marsellesa, lejos de ser una marcha militar al uso -¿a qué me suena eso?- es una cancioncilla cuya letra fue entonada por unos voluntarios que lucharon contra las tropas del emperador de Austria en 1792 y -oh sorpresa- las derrotaron. Al regresar a París, los marselleses entraron en las calles de la capital cantando el himno y aquello debió gustar de tal manera que, en pocos años, todo el pueblo francés lo relacionó con su revolución. 
La cancioncilla ha sido prohibida tantas veces y en tantos lugares que hubo momentos en que alcanzó el grado de transgresora. De hecho, el gran Robert Shumann la introducía en sus composiciones cuando pretendía quemar la sangre a los censores del antiguo régimen.
Puede que no nos haya quedado mucho de los ideales revolucionarios, aquellos sobre los que se sustentan las escasas libertades que hoy disfrutamos en los estados de derecho, pero, eso sí, al escuchar como nuestros vecinos cantan un himno del pueblo que habla de la lucha contra la tiranía, deberíamos, cuando menos, reconocer que, en esto de la libertad, ellos van un pasito por delante del resto. 
Supongo que, dado que nuestra escasa cultura nos lo impide, será por ese motivo por el que el pasado 15 de julio de 2016, después de otro nuevo ataque de la tiranía contra la libertad, no salimos todos a las calles de la decadente Europa a cantar la Marsellesa.  
Todos los que todavía soñamos con un mundo más justo, hemos perdido mucho con lo sucedido el 14 de julio de 2016. 
¿Qué pretende esa horda de esclavos,
de traidores, de reyes conjurados?
¿Para quién esas viles cadenas,
esos grilletes de hace tiempo preparados? (bis)

Para nosotros, franceses, ¡ah, qué ultraje!
¡Qué emociones debe suscitar!
¡A nosotros osan intentar
reducirnos a la antigua servidumbre!

viernes, 24 de junio de 2016

INMIXTURE



La desmesurada programación de los Festivales de Música y Danza de Granada ha llegado a adquirir tales dimensiones para una ciudad tan modesta en su tamaño, que la prensa local -o más bien lo que queda de ella- se ha visto desbordada a la hora de cubrir los espectáculos que pueden desarrollarse simultáneamente.
Una de las paradojas que ha originado esta curiosa circunstancia es la total ausencia de reseñas críticas en los periódicos locales en torno al espectáculo programado en el FEX el pasado 22 de junio de 2016.
Me refiero a la intervención abierta en la Plaza de las Pasiegas del Sungsoo Ahn Pick up Group. La compañía coreana que interpreta las creaciones de Sungsoo Ahn, insertas en el espectáculo Inmixture.
Dado que me reconozco absolutamente lego en materia de coreografía, solo puedo decir que, más de una vez, completamente embriagado por las evoluciones de unas bailarinas que parecían haber superado la fuerza de la gravedad, tuve conciencia de haber dejado de respirar.
La experiencia de la danza, a medio camino entre el arte tradicional coreano y la libre creatividad de la danza contemporánea, adquiere en este caso toda la emoción del fenómeno poético. La controversia entre el magnetismo de la danza y la extenuación del baile anárquico, consiguen ese instante de pura enajenación hipnótica tantas veces añorada por el ávido espectador.
Sucede aquí como en nuestra desgraciada industria editorial donde la literatura queda olvidada de la mano del mercado pirotécnico mientras los artificiosos relatos góticos adquieren dimensión de producto de primera necesidad para el consumidor de entretenimiento. El instante de Arte, con toda su capacidad emocional, volvió a pasar de puntillas para los decadentes medios.