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Miguel Ángel Contreras |
Los lugares más habitados poseen esa distorsión que
incumbe al punto de vista del que los vive, pero también están sometidos a la
misma tiranía que los desiertos. Subes al metro en hora punta y te embarga una
sensación de soledad que nada tiene que ver con lo que te rodea. Por ese
motivo, habría que distinguir entre los desiertos de arena y los de asfalto.
Incluso (y sobre todo) hay desiertos interiores; vacíos de ser y estar, que se
nos han colado dentro como esa fina arena de las dunas que invade el verdor de
los jarales.
Son desiertos del alma, oquedades
emocionales que sólo se deberían describir por medio de la metáfora y la música que moran en un poema. Antes de ser desierto, el paisaje vacío habita en nuestro
interior como uno de esos nubarrones que ocultan el azul del cielo hasta el
punto de hacernos creer que es de color plomizo.
Esos paisajes han sido
desmenuzados por la precisión de la poesía de Miguel Ángel Contreras, con esa voz suya capaz de mimetizar el
pensamiento más complejo por medio de una aparente simplicidad que envuelve las
palabras y las balancea a ritmo de vals.
En ese sentido, sería aconsejable
iniciar la lectura de este poemario “LIBRO DE PRECISIONES” prestando una
especial atención al magnífico proemio en el que el autor traza un mapa
esencial para adentrarse en una escritura que rehuye lo evidente con el claro objetivo de exponer
de forma oblicua una intimidad latente y vulnerable.
Contreras, como buen
coleccionista de emociones escritas y descritas, sabe manejar las apariencias,
hasta el punto de hacer que el lector se coma una amarga píldora envuelta en un
bonito caramelo de fresa. Este desierto vivido por Miguel Angel no deja en la
boca del lector un regusto ceniciento, sino que –y aquí aparece la mano del
mago-, de manera subliminal, se cuela en el paladar como los vapores de un
narguile de frutas, y atraviesa la retina (o el oído) evitando la aspereza de
drama directo.
No es tan difícil escribir poesía
-sobre todo a juzgar por esa pléyade de versificadores que pulula entre los
aparadores de cualquier lugar de tertulia-, pero lo de ser poeta es otra cosa. Porque
la verdadera poesía es un camino hacia el lado contrario de los laureles, es
una apuesta por el fracaso en el sentido más beckettiano de la palabra.
Contreras ha tomado ese camino donde (sic) La
apuesta siempre es a cruz/ y juegas, sin darte cuenta,/ con monedas de dos
caras.
"Libro de precisiones"
Miguel Ángel Contreras
Bartleby Editores