viernes, 24 de junio de 2016

INMIXTURE



La desmesurada programación de los Festivales de Música y Danza de Granada ha llegado a adquirir tales dimensiones para una ciudad tan modesta en su tamaño, que la prensa local -o más bien lo que queda de ella- se ha visto desbordada a la hora de cubrir los espectáculos que pueden desarrollarse simultáneamente.
Una de las paradojas que ha originado esta curiosa circunstancia es la total ausencia de reseñas críticas en los periódicos locales en torno al espectáculo programado en el FEX el pasado 22 de junio de 2016.
Me refiero a la intervención abierta en la Plaza de las Pasiegas del Sungsoo Ahn Pick up Group. La compañía coreana que interpreta las creaciones de Sungsoo Ahn, insertas en el espectáculo Inmixture.
Dado que me reconozco absolutamente lego en materia de coreografía, solo puedo decir que, más de una vez, completamente embriagado por las evoluciones de unas bailarinas que parecían haber superado la fuerza de la gravedad, tuve conciencia de haber dejado de respirar.
La experiencia de la danza, a medio camino entre el arte tradicional coreano y la libre creatividad de la danza contemporánea, adquiere en este caso toda la emoción del fenómeno poético. La controversia entre el magnetismo de la danza y la extenuación del baile anárquico, consiguen ese instante de pura enajenación hipnótica tantas veces añorada por el ávido espectador.
Sucede aquí como en nuestra desgraciada industria editorial donde la literatura queda olvidada de la mano del mercado pirotécnico mientras los artificiosos relatos góticos adquieren dimensión de producto de primera necesidad para el consumidor de entretenimiento. El instante de Arte, con toda su capacidad emocional, volvió a pasar de puntillas para los decadentes medios. 
 

viernes, 3 de junio de 2016

VELOCIPEDIA APLICADA VERSUS DROSOPHILA

Bicicleta MTB Cube Stereo 140 cuadro de carbono, frenos, cambio y trasmisión Shimano XT M 8000; suspensión delantera FoxTalas CTD, suspensión trasera Fox Float DPS Factory, ruedas 29 pulgadas con cubiertas Swallbe One, llantas Cosmic elite. Ciclista varón, 1,80 m, 87 km, porcentaje de grasa de 9%, 40 pulsaciones por minuto en reposo. Bueno, bonito, y nada barato.

Subida a puerto con un desnivel medio del 16%. Terreno pedregoso entre pinares de nueva repoblación. Una mosca de tamaño reducido intenta posarse en las narices del ciclista. Manotazo con la mano derecha hacia la izquierda. La mosca sale tocada pero vuelve a colocarse cerca de la nariz. Manotazo con la mano derecha. La mosca se aparta sin ser tocada. Vuelve a sobrevolar la posición de las gafas. Tercer manotazo e improperio. Ha tocado a la mosca, aunque muy lejos de acabar con su vida. Por ello, el insecto vuelve a dibujar ochos en el aire delante de las gafas del ciclista, que hace equilibrios sobre las piedras del camino. Cuarto manotazo y doble improperio. La mosca que esquiva hábilmente y vuelve a las gafas. Fuerte manotazo, y demarraje. Pedaleo al límite. Tal vez así logre dejar atrás al insecto. Inútil afán la del ciclista: la mosca sigue erre que erre. ¿Para qué sirve una mosca si no? Curva con desnivel del 22%. Sexto manotazo, y cinco improperios encadenados. La mosca recibe pero no ceja en su empeño. El ciclista sopla para ahuyentar a la diabólica criatura. Todo en vano. Coronando el puerto, el ciclista lanza un fortísimo manotazo que no alcanza a la mosca pero que sí le arranca las gafas de la cara. Una cara que se vuelve aturdida hacia la izquierda provocando un fuerte desequilibrio. Manillar a la derecha y caída hacia la izquierda. Golpe seco en las costillas.

Conclusiones (a elegir):

a) El minúsculo insecto ha tumbado a un corpulento ciclista, todo músculo él, y a su flamante máquina de ultimísima generación.

b) El ciclista debería estar agradecido al insecto, pues a lo largo de la subida no ha tenido conciencia del enorme esfuerzo que le ha costado.

c) La fuerza surgida de la ira siempre acaba volviéndose contra uno mismo (aforismo de azucarillo)

jueves, 26 de mayo de 2016

ESO


"Antes -mucho antes del ahora- todos eran iguales, hasta que apareció Eso. Procuraban (otra cosa diferente es que lo consiguieran) no parecerse al de al lado, por aquello de evitar sumirse en una triste parodia. Después de Eso, unos empezaron a ser menos iguales que otros. No era cuestión de originalidad sino, más bien, de un estado generalizado de antipatía."



martes, 24 de mayo de 2016

DE INVASIONES Y DESCEREBRAMIENTOS PROTOCOLARIOS


De todos es sabido que no todas las invasiones bárbaras se han practicado con la cruenta barbarie que debería caracterizarlas. Frente a las ocupaciones con el arma en ristre y los pendones al viento, existen otras más calculadas -y muchísimo más sibilinas- que, de a poco a poco, al puro merme, han llegado a hacerse con el control y la soberanía de predios ajenos, ante la parsimoniosa aquiescencia de los lugareños, ingenuos ellos.

Así, en el polo opuesto a la ocupación de Polonia por las palotinescas tropas del tercer reich, al son de la wagneriana Cabalgata de las Walkirias, existen otras formas de prácticas incursivas cuya eficacia se ha revelado insólitamente efectiva para el contingente invasor.

Pongamos por ejemplo la triple invasión por parte de mercancías, empresas y habitantes que, desde la República Popular China se viene practicando lenta pero inexorablemente a lo largo y ancho del mapamundi de Torrelodones desde hace ya unas décadas. A día de hoy, es casi imposible adquirir un subproducto que no haya sido facturado en el paraíso del comunismo, generalmente en condiciones laborales que el reconocido psicópata Henry Ford hubiera firmado con un ojo cerrado y el otro avizor.

Pues, a lo que parece, y ante la incapacidad de reacción de los académicobuenaletrenses, se ha constatado que el Institutum Pataphysicum Granatensis está algo más que infiltrado en la llamada Academia de las Buenas Letras de Granada (presumiendo que el título de la citada fundación no debe referirse a la caligrafía de los miembros y miembras que en ella pululan) pues el creciente número de sátrapas que se suman a las listas de la mentada academia invita a la reflexión.

Es fácil suponer pues, que si el goteo de patacadémicos sigue creciendo en los próximos años, cabría la posibilidad de que acabaran adquiriendo la titularidad sobre la mayoría de las eruditas poltronas, dado lo cual, todas las decisiones estarían vinculadas a los designios del doctor Faustroll. Ahora bien, teniendo en cuenta que la única obligación del patafísico es no estar obligado a nada, es verosímil dudar de la eficacia de tal invasión, en tanto que, en su patafísica esencia, los patafísicos nunca llegarán a un acuerdo sobre ningún punto que allí se planteare.

No obstante, también podríamos pensar que, al consentir la entrada de la caterva jarryniana en su seno, la egregia Academia local está proyectando infiltrarse en el contubernio enemigo, y de esa manera acceder a los enigmáticos saraos del I.P.G., y tener información de primera mano de lo que allí se cocinara. Y esto es lo más preocupante del conflicto que aquí nos ocupa pues, si la flamante A.B.L. obtuviera acceso a temas tan confidenciales como, sin ir más lejos, las defenestraciones periódicas de los sátrapas del I.P.G., correríamos el serio peligro de asistir a la defenestración de la tan loada como imprescindible academia (mobiliario incluido) sobre el pavimento de la Acera del Casino. Y si eso sucediera -cosas más estrambóticas se han visto- nos veríamos ante el apocalíptico espectáculo del descerebramiento masivo de los egregios patacadémicosdelospulcrosgrafemas. Y allí, omnipresentes, siempre omnipresentes, -porque la omnipresencia es preceptiva incluso en la peor de las peores tragedias- aquellos sátrapas que hubieran o hubiesen sobrevivido al holocausto de las buenas letras, por aquello de no haber sido empoltronados en protocolarias poltronas patacadémicas, entonarían henchidos de fervorosa consternación, la iniciática tonada del descerebramiento.



Mirad, mirad el trituraperros girar / Mirad, mirad los sesos saltar/ Mirad, mirad a los Bienpensantes temblar/ Urrah! El Cuerno por el Culo, viva el Padre Ubú



Hasta aquí lo que trasciende en gacetillas y pasquines locales. Empero ¿qué hay detrás de toda esta polémica entre los hunos y los hotros? Pues nada más y nada menos que una conjura, una maquinación gestada en los lúgubres salones de la Real Maestranza de Caballería, con la intención de recuperar el control del Cotolengo de Santa Eduvígis Sinclética, que nunca estuvo en manos de sátrapa o académico alguno, pero que, por aquello de conspirar, los maestrantes se han deslizado en ambas congregaciones con ínfulas de mangoneo, chupeteo y triscamiento.

Y todo esto ¿por qué? ¡POR QUÉEEEE! gritarán ustedes, sufridos lectores, por quéeeee. Pues ni más ni menos que por las ansias del Rector Magnífico Perezoso, del I.P.G., regente, asimismo, de la Cátedra de Brevidoxología y Heurística de lo Epifantástico, Secretario del Departamento de las Nubes, los Silencios y los Eremitas, cuya mayor aspiración ha sido, es y será la de ser nombrado Caballero de la Orden de Malta (Prieuré Oecuménique de la Sainte-Trinité-de Villedieu) y vivir eternamente del cuento; y esto lo juro por la candela verde. ¡Merdre!

Así son las cosas y así se le hemos contado.

domingo, 8 de mayo de 2016

EL OLIVO


No pocas veces, tiene uno la sensación de haber pertenecido a un gremio en el que nunca se sintió integrado. Estoy hablando de la denostada crítica -teatral en mi caso- que suelo ejercer muy de tarde en tarde, y por la cual nunca he percibido mayor compensación que la de asistir a la función como prolegómeno a un trabajo basado en el compromiso intelectual.
El ejercicio de la crítica en nuestro país, se ha alimentado tradicionalmente de la más enérgica de las subjetividades. Más que crítica yo diría que, por lo general, los profesionales de dicha especialidad se han dedicado a verter opiniones sin concesiones a la fundamentación.
Hace escasos días tropecé (y nunca mejor dicho) con la reseña que Carlos Boyero había elaborado acerca de la recién estrenada película “El olivo” de Iciar Bollain. No olvido la fama que, en otros tiempos, adquirió dicho crítico sobre todo a fuerza de una torrencial adjetivación, en su mayoría peyorativa, hacia filmes que, de alguna manera, alcanzaban bastante aceptación entre el público. En otro tiempo (repito) el poder de un crítico como Carlos Boyero, podía llegar a influir en las opiniones del público, e incluso coadyuvar a mermar o acrecentar la taquilla de una producción.
Daños colaterales aparte, esos tiempos ya son parte del pasado y la influencia de la crítica cinematográfica -no así la literaria- en las intenciones del público es prácticamente anecdótica. Es por eso, que sigo sin comprender cómo una gran parte de una crítica -y esto lo digo con respecto a todas las artes- continúa estructurando sus reseñas sobre los cimientos de la valoración subjetiva. Y digo esto teniendo en cuenta que cualquier opinión crítica es eso: pura opinión.
Si tenemos a bien visitar la obra de algunos críticos centroeuropeos o anglosajones, encontraremos que buena parte de estos, sustentan su trabajo sobre el ejercicio de la fundamentación seria y equilibrada. Un crítico, o al menos bajo mi punto de vista, debería trascender la obligada subjetividad hasta el punto de iluminar la obra de referencia y plantear ideas inherentes al discurso que no están explicitadas aunque sí insinuadas.
El crítico, siendo como es un espectador más, tiene el compromiso de formular conclusiones con respecto a la exégesis de la obra que analiza, y no únicamente lanzar valoraciones que, sin un fundamento bien equilibrado, apenas aportan nada al fenómeno expresivo.
La fatuidad con que Carlos Boyero sigue ejerciendo una labor escasamente simbiótica y descaradamente parasitaria, no parece consciente del entorno en el que se está moviendo la prensa escrita en estos momentos. La decadencia de los quioscos, la escasez de venta de los grandes diarios -casi abocados a subsistir a fuerza de subvenciones y publicidad- han minimizado el enorme poder de influencia que, (tripito) en otros tiempos, llegaron a tener los articulistas de opinión.
Probablemente, el filme de Iciar Bollaín, no alcance cotas significativas a la hora de servir de referente artístico. Probablemente, no estamos hablando de la mejor película de esta aventajada discípula de Ken Loach. Probablemente, sí, pero hay algo más que un afamado crítico, en su afán de lucir el gran diccionario de adjetivos calificativos que suele desplegar en sus escritos, parece olvidar con demasiada frecuencia: la historia de un árbol milenario arrastra consigo una colección de cargas de profundidad que no deberían escapar a la mirada del espectador. Este árbol milenario, desde sus abigarrados ramajes, nos susurra la Historia Interior de un país que se durmió en los laureles de la peor de las epidemias que han azotado a la humanidad. Hace ya demasiados años que el imaginario colectivo derrotó a la añorada complejidad del imaginario subjetivo. Esa gran estafa que llamamos progreso, ese culto al utilitarismo, a la necesidad imbuida de éxito, han desposeído de alma a un pueblo que se olvidó de algo tan hermoso como el ejercicio ético. A día de hoy, los escasos resquicios de aquella perdida humanidad que puedan quedarnos, han sido insidiosamente marcados con el estigma de la ingenuidad.
Cabe ahora preguntarse si acaso no ha sido esa rebelde ingenuidad lo que ha impulsado -siempre desde abajo- los escasos cambios que han potenciado las mejoras sociales de las que hoy somos beneficiarios.
Lo bonita o fea que nos parezca una narración cinematográfica, la escasa grandilocuencia con que se proyecta esta cinta donde prima el sentimiento por encima de la eficacia; son absolutamente secundarios.
Quiero creer, por cierto, que todavía existen críticos, creadores y espectadores, capaces de ofrecer y recibir algo más que lo evidente.