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martes, 24 de mayo de 2016

DE INVASIONES Y DESCEREBRAMIENTOS PROTOCOLARIOS


De todos es sabido que no todas las invasiones bárbaras se han practicado con la cruenta barbarie que debería caracterizarlas. Frente a las ocupaciones con el arma en ristre y los pendones al viento, existen otras más calculadas -y muchísimo más sibilinas- que, de a poco a poco, al puro merme, han llegado a hacerse con el control y la soberanía de predios ajenos, ante la parsimoniosa aquiescencia de los lugareños, ingenuos ellos.

Así, en el polo opuesto a la ocupación de Polonia por las palotinescas tropas del tercer reich, al son de la wagneriana Cabalgata de las Walkirias, existen otras formas de prácticas incursivas cuya eficacia se ha revelado insólitamente efectiva para el contingente invasor.

Pongamos por ejemplo la triple invasión por parte de mercancías, empresas y habitantes que, desde la República Popular China se viene practicando lenta pero inexorablemente a lo largo y ancho del mapamundi de Torrelodones desde hace ya unas décadas. A día de hoy, es casi imposible adquirir un subproducto que no haya sido facturado en el paraíso del comunismo, generalmente en condiciones laborales que el reconocido psicópata Henry Ford hubiera firmado con un ojo cerrado y el otro avizor.

Pues, a lo que parece, y ante la incapacidad de reacción de los académicobuenaletrenses, se ha constatado que el Institutum Pataphysicum Granatensis está algo más que infiltrado en la llamada Academia de las Buenas Letras de Granada (presumiendo que el título de la citada fundación no debe referirse a la caligrafía de los miembros y miembras que en ella pululan) pues el creciente número de sátrapas que se suman a las listas de la mentada academia invita a la reflexión.

Es fácil suponer pues, que si el goteo de patacadémicos sigue creciendo en los próximos años, cabría la posibilidad de que acabaran adquiriendo la titularidad sobre la mayoría de las eruditas poltronas, dado lo cual, todas las decisiones estarían vinculadas a los designios del doctor Faustroll. Ahora bien, teniendo en cuenta que la única obligación del patafísico es no estar obligado a nada, es verosímil dudar de la eficacia de tal invasión, en tanto que, en su patafísica esencia, los patafísicos nunca llegarán a un acuerdo sobre ningún punto que allí se planteare.

No obstante, también podríamos pensar que, al consentir la entrada de la caterva jarryniana en su seno, la egregia Academia local está proyectando infiltrarse en el contubernio enemigo, y de esa manera acceder a los enigmáticos saraos del I.P.G., y tener información de primera mano de lo que allí se cocinara. Y esto es lo más preocupante del conflicto que aquí nos ocupa pues, si la flamante A.B.L. obtuviera acceso a temas tan confidenciales como, sin ir más lejos, las defenestraciones periódicas de los sátrapas del I.P.G., correríamos el serio peligro de asistir a la defenestración de la tan loada como imprescindible academia (mobiliario incluido) sobre el pavimento de la Acera del Casino. Y si eso sucediera -cosas más estrambóticas se han visto- nos veríamos ante el apocalíptico espectáculo del descerebramiento masivo de los egregios patacadémicosdelospulcrosgrafemas. Y allí, omnipresentes, siempre omnipresentes, -porque la omnipresencia es preceptiva incluso en la peor de las peores tragedias- aquellos sátrapas que hubieran o hubiesen sobrevivido al holocausto de las buenas letras, por aquello de no haber sido empoltronados en protocolarias poltronas patacadémicas, entonarían henchidos de fervorosa consternación, la iniciática tonada del descerebramiento.



Mirad, mirad el trituraperros girar / Mirad, mirad los sesos saltar/ Mirad, mirad a los Bienpensantes temblar/ Urrah! El Cuerno por el Culo, viva el Padre Ubú



Hasta aquí lo que trasciende en gacetillas y pasquines locales. Empero ¿qué hay detrás de toda esta polémica entre los hunos y los hotros? Pues nada más y nada menos que una conjura, una maquinación gestada en los lúgubres salones de la Real Maestranza de Caballería, con la intención de recuperar el control del Cotolengo de Santa Eduvígis Sinclética, que nunca estuvo en manos de sátrapa o académico alguno, pero que, por aquello de conspirar, los maestrantes se han deslizado en ambas congregaciones con ínfulas de mangoneo, chupeteo y triscamiento.

Y todo esto ¿por qué? ¡POR QUÉEEEE! gritarán ustedes, sufridos lectores, por quéeeee. Pues ni más ni menos que por las ansias del Rector Magnífico Perezoso, del I.P.G., regente, asimismo, de la Cátedra de Brevidoxología y Heurística de lo Epifantástico, Secretario del Departamento de las Nubes, los Silencios y los Eremitas, cuya mayor aspiración ha sido, es y será la de ser nombrado Caballero de la Orden de Malta (Prieuré Oecuménique de la Sainte-Trinité-de Villedieu) y vivir eternamente del cuento; y esto lo juro por la candela verde. ¡Merdre!

Así son las cosas y así se le hemos contado.

viernes, 9 de octubre de 2015

CONTRA EL SENTIDO COMÚN


 

La ausencia de verosimilitud es innegociable. Aquí tan solo se puede permanecer con el imperativo de ser absolutamente refractario a la objetividad. Todo lo demás es pura especulación.

domingo, 2 de junio de 2013

DISCURSO PARA EL INSTITUTUM PATAPHISICUM GRANATENSIS


Ñoras, ñores:
Tras doce años de denodados esfuerzos -la mayor parte de ellos de índole crematística- he gozado del alto y enhiesto honor de ser admitido en el reputado Institutum Pataphisicum Granatensis.
Nada tendría de especial mi reciente cooptación sino fuera por las estrambóticas circunstancias que la rodean.
En primer lugar están los gastos extraordinarios para la "agilización" de los trámites administrativos, así como los "donativos" que me vi obligado a costear para despejar las dudas del Excmo. Rector Perezoso, Herr Engel Ólgössen. En total, he tenido que aflojar la nada desdeñable cifra de setenta y tres mil doscientos veinticuatro agapitercios, con cuarenta y ocho porrones.
Eso sin contar los gastos del ceremonial y alquiler del Palacio Real de Saint Pere Ubú, servicio de catering incluido. Redondeando al alza; otros doce mil agapitercios de vellón.
En segundo lugar, no tuve más remedio que hacerme cargo de la fianza de mi padrino Michael Palotín Arnikov Koroninski -veinticinco mil agapitercios, sobres de convicción aparte-, el cual se hallaba preso en las mazmorras del castillo de Saint Cucufat, en manos de catorce perversas huríes, por haber extraviado la insignia preceptiva del I.P.G. durante la última ceremonia de desocultación.
Ni que decir tiene que hubo que sacarlo a la fuerza, y que, para colmo de tribulaciones, las pérdidas de insignia entre los Sátrapas del I.P.G. empezaron a convertirse en una sospechosa moda.
En otro orden de quisicosas, y debido a la extensa ceremonia de cooptación -diez minutos- no hubo tiempo para el discurso de agradecimiento que llevaba preparado en el magín, y que finalizaba con un sutil poema de T. H. Agapito:"Camino de pinos/ camino de rosas./ Camino, camino/ camino me jodas". Dicha circunstancia no obsta para que no deje de congratularme conmigo mismo y con el resto del contubernio por haber recibido la alta y no menos enhiesta dignidad de Sátrapa Trascendente Regente de la Cátedra de Estulticia Dramática y Bufonería Recalcitrante. Datario Máximo de Velocipedia. Cuescomante Epistemológico y Administrador de la Comisión Agapitico-Kafkiana. Cargo, este último, que me obliga irremediablemente a afrontar los cuantiosos gastos burocráticos para impulsar la candidatura de mi maestro, padre espiritual y mentor, T.H. Agapito Trasconejo, a la dignidad de "Vicecurador Honorario Extraordinario" del I.P.G.
Dicha diligencia incluye los pertinentes sobres de convicción para los directivos del Frenopático de Villatripa, donde T.H. se encuentra recluido, a fin de "promover" el alta facultativa. Unos doscientos cincuenta y tres mil agapitercios.
En estos momentos me dirijo al Monte de Piedad donde empeñaré la Mont Blanc (made in Morocco) con la que escribo el presente borrador.
Extiendo la presente a la espera de vuestras aportaciones (siempre en sobres cerrados, por favor) a fin de sufragar tan onerosos imprevistos.

Eso haría un total de novecientos noventa y cinco mil agapitercios, incluidos mis honorarios, gastos de representación y dietas.

Patafísicamente vuestro.
Gärt

Granada a 14 de mierdra de l40, festividad de San Esfinter.

domingo, 16 de diciembre de 2012

LA BICICLETA



Alfred Jarry en su bicicleta

“Cada vez que veo un adulto en bicicleta dejo de desesperarme por el futuro de la raza humana”
H.G.Wells

A veces –contadas veces- el editor acierta al encabezar una obra de compilación con un aforismo. En este caso, el aforismo de H.G. Wells es la guinda de ese maravilloso pastel denominado “Ubú en bicicleta”, (Ediciones Gallo Nero, 2012) dedicado a algunos de los mejores opúsculos de Alfred Jarry, padre de la patafísica, creador de Ubú Roi, y precursor de gran parte de las vanguardias literarias del siglo XX. 

La máquina de tracción humana, ese exoesqueleto que algunos reverenciamos frente a los malos humos, fue una de las pasiones que Jarry mantuvo a lo largo de su corta existencia hasta el punto de hacerla protagonista de algunas de sus creaciones literarias. Jarry es el tipo que pasea en bicicleta por París en esa fotografía que corona esta entrada, y que, por supuesto, nunca llegó a pagar. Ningún otro autor ha llegado a mimetizarse tanto con su propio personaje. No fue el único; su doctor Faustroll ha sido a su vez santo patrón de la ciencia patafísica moderna, una ciencia del absurdo que empieza a albergar más genialidades que la masonería.

Para algunos como un servidor, la bicicleta no es una máquina en sí, sino parte de un todo compuesto por el motor primario –el insustituible ser humano- y el exoesqueleto más generalizado de cuantos se puedan encontrar. Una bicicleta no genera más contaminación que la del propio aliento, sus piezas se pueden reciclar hasta el infinito, es el vehículo que pesa menos que el usuario, apenas ensucia el suelo por donde rueda, y coadyuva a liberar casi tantas endorfinas como la risa. Como decía Mario (Sancho Gracia) en la película “La bicicleta” de Sigfrid Moleón: en el coche enciendes la música; en la bicicleta, tú cantas.

Resulta bastante complicado matar a alguien atropellándolo con una bicicleta. Habría que pasar unas cuantas veces por encima de la víctima para dejarla bien muerta. Las cifras de los atropellos mortales tienen su campeón mundial: el automóvil. Uno se puede lesionar gravemente en un accidente ciclista pero, por lo general, ese tipo de accidente resulta mortal con la inestimable colaboración de un coche. La bicicleta no hace ruido. Una manifestación de tres mil ciclistas atraviesa la Gran Vía de Granada en diez minutos y no deja ni una octavilla en el suelo. 

 Si a esto le añadimos que la bici no consume combustibles fósiles, y que el que pedalea no paga el billete de autobús, llegaremos a la conclusión de que nos hallamos ante un artefacto altamente transgresor.

Será por eso que el Ayuntamiento de Granada “estudia” la posibilidad de prohibir la circulación de bicicletas por la arteria principal de la ciudad. Quizá a nuestros próceres les resulte peligroso que un elemento tan inocuo comparta espacios con otros vehículos, como de hecho lo hace en la mayor parte de las ciudades centroeuropeas donde el tráfico es más fluido por la sencilla razón de que hay menos automóviles. Cada día hay más de cien mil bicicletas en las calles de Berlín. No hablemos de Ámsterdam, Copenhague, Oxford, Barcelona, Helsinki, Praga, Estocolmo, Bruselas, Luxemburgo, Estrasburgo, Oslo, Ginebra… No sé si seguir con la lista o reconocer que nunca aspiraremos a superar un pensamiento rancio y provinciano basado únicamente en el interés económico.

El que ha tenido la suerte de enamorarse de esta bellísima máquina sin tubos de escape ni lujos innecesarios, sabrá ya que no es preciso recurrir al salto en paracaídas ni a las drogas de diseño para experimentar esa eufórica ingravidez que brota en las entrañas al deslizarse por calles, carreteras, pistas y caminos, por el simple placer de hacerlo. 

Cada día, siendo aún de noche, vuelo en mi bicicleta hacia la oficina donde intento ganarme la vida decentemente. No me importa que llueva o haga frío, que el camino se ponga cuesta arriba o que algún conductor amenace mi existencia. Supongo que ese es uno de los motivos por los cuales empiezo la mañana con una sonrisa en la cara. Suban a un autobús, métanse en un atasco a hora punta, y miren a su alrededor. Observen las caras de quienes les rodean y busquen un solo gesto de alegría. A lo mejor va ser verdad eso de que el carburador de un ciclista está en su propio corazón.

Tal vez pedalear no garantice ninguna comodidad. Es, incluso posible, que sea un ejercicio arriesgado. Siendo así convendrán conmigo que esta vida es ya de por sí lo bastante perra como para que, encima, le quitemos ese poco de emoción que le da sentido.