Leo y escribo libros. Me devano los sesos intentando comprender el alma humana. Pero no consigo entender por qué nos aferramos a sentimientos tan ruines, a identidades ficticias, al profundo desprecio por los otros.
No deberíamos preocuparnos por el dolor que nos causan los demás, sino más bien del daño que hemos hecho al prójimo.