domingo, 25 de mayo de 2014

(CONCLUSIONES)



Los acontecimientos se desarrollaron -obviamente- en el lugar de autos. Esto es, en la cochera donde el demandado Kaspar K. mantenía furtivos encuentros con la hermosa y turbadora Wallis C. Aquella noche -o más bien, aquella madrugada- el susodicho (me refiero, claro está, a Kaspar K) estacionó su todoterreno junto al monovolumen de la susodicha (Wallis C., por supuesto) y descendió de su flamante vehículo de tracción 4x4, para acceder al espacioso asiento trasero del automóvil de la susodicha. Tras los prolegómenos de rigor (siempre tan sobrevalorados) los demandados, dejándose llevar por sus más bajos instintos, se lanzaron a una ruidosa y desesperada cópula. Aquella cacofonía (¡a tan altas horas de la madrugada!) puso en alerta al diligente vigilante de seguridad Billy Bob C. (mi cliente, para más señas) quien, en estricto cumplimiento del deber para el que fue investido y uniformado (con las correspondientes recomendaciones) se acercó con el preceptivo sigilo por la parte trasera del M.V donde la susodicha (la hermosa y turbadora Wallis C.) y el susodicho (posteriormente identificado como Kaspar K.) fornicaban sórdidamente, obviando las más elementales normas del decoro. Mi cliente (el siempre diligente Billy Bob C.) proyectó la luz de su linterna reglamentaria hacia y a través de la ventanilla trasera del M.V. de la susodicha (Wallis C., como venimos diciendo), quien, ora por la impresión producida por la repentina aparición del luminoso rayo; ora por una violenta convulsión a resultas del éxtasis pasional, ora pro nobis; el caso es que lanzó una violenta patada, digna de una consumada kungfuteka, kungfunera, kungfuninana o kungfómana (quí lo sá), que provocó la (no menos violenta) apertura del portón trasero del M.V. de la susodicha (Wallis C., siempre tan hermosa y turbadora), el cual fue a impactar directamente en el rostro del vigilante Billy Bob C. (cliente de este letrado, para más señas), quebrantándole las prótesis dentales (endodoncia de la mejor calidad) que, en ausencia de los cuatro incisivos superiores, hacían las funciones iniciales de la inevitable deglución.

En resumidas cuentas: 1ª) Que K.K. y W.C. se encontraron sus respectivos T.T. (4x4) y M.V  2ª) Que los susodichos (W.C. y K.K) fueron sorprendidos B.B.V. en ejercicio de sus funciones (las de mi cliente, no las de W.C. y K.K.). 3ª) Que W.C. lanzó la puerta trasera de su M.V. contra los implantes 11, 12, 21 y 22, de B.B.V.

Es por ello que SUPLICO que el tribunal condene a la susodicha (W.C.) a satisfacer el importe de los daños materiales, y solidariamente a los susodichos (W.C. y K.K) a abonar el montante de los daños morales del otrosí de la demanda, todo ello con la correspondiente condena en costas de la presente instancia.


sábado, 3 de mayo de 2014

EL SECRETO DE LA VIDA


Pocos saben que nací a la tierna edad de cien añitos. De ahí que mi natural inconsciencia fuera producto de los achaques, y no al contrario. Algunos años después, mis ojos se fueron aclarando con la miopía, hasta que conseguí ver el mundo en toda su pequeñez. Ahora ando ya por debajo de los cincuenta y sigo mejorando con el tiempo.

domingo, 27 de abril de 2014

CARRIL BICIO



Habida cuenta la saturación de prohibiciones para todo aquello que pudiera poner en peligro la moral y la salud pública, se ha lanzado la iniciativa popular de crear un carril bicio. Por el carril bicio podrán circular: fumadores, ludópatas, dipsómanos, cocainómanos, heroinómanos, lectores de Boris Vian, melómanos, filósofos, cleptómanos, e incluso usuarios de velocípedos de tracción animal sin casco. El casco (para el animal, por supuesto) tan solo sería recomendable -nunca obligatorio- en caso de malformaciones o anomalías tales como, por ejemplo, la tenencia de masa encefálica.

domingo, 20 de abril de 2014

NO OYES LADRAR LOS PERROS

Estamos en un bar. Nuestra agradable conversación se ve interrumpida por la llegada gradual de tres generaciones de una misma familia. La madre se acerca a nuestra mesa y nos pide correctamente las dos sillas que nos sobran. Ningún inconveniente. Las dos sillas son para sendas niñas de unos siete u ocho años que, rápidamente, toman posesión del asiento. Los abuelos llegan los últimos y se quedan de pie.
Algo más tarde aparecen otras dos mujeres de mediana edad acompañadas de cinco adolescentes. La mesa de la anterior familia ha quedado libre y los cinco adolescentes son acomodados por las dos mujeres. Ellas van y vienen de la barra a la mesa haciendo las veces de camareras para los muchachos. 
Es lo que hay. Es lo que nos espera. 

El título de esta entrada pertenece a un relato de Juan Rulfo. La intencionalidad es fácil de adivinar con sólo leerlo o escucharlo en la voz del escritor mexicano.  http://youtu.be/cewv7qyUpsA

viernes, 11 de abril de 2014

INGRAVIDEZ


Aquí el aire se ha vuelto tan denso que hemos dejado de caminar sobre el suelo y ahora nos desplazamos buceando. Los viandantes se mueven dando brazadas. Yo procuro impulsarme con los pies en las paredes de los edificios, igual que hacía antes en la piscina. Me gusta elevarme por encima de los tejados y dejarme llevar por la inercia de un buen impulso en los campanarios de las iglesias. Se ha perdido, eso sí, un poco de intimidad en las azoteas pero, por otra parte, el número de suicidios por precipitación o ahorcamiento ha descendido apreciablemente.