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domingo, 15 de junio de 2014

TODAS LAS NOCHES DE ESTA ETERNA NOCHE


 
Todas las noches de esta eterna noche me dejo adormecer por los brazos de una princesa persa de ojos almendrados, que teje con sus labios una fina tela de araña entre los aguijones de mis párpados. Y es tan frágil el hilo susurrado en la hermosa lengua farsí, que acaba deslizándose suavemente hasta el fondo de mis sueños, antes de alzar el vuelo con la brisa del alba. Y así -cuando por fin abro los ojos- la veo alejarse transfigurada en un dédalo de húmedos diamantes que flota trazando destellos de deseo con las primeras luces del alba, mientras se escapa ingrávida entre las ondas de la vaporosa cortina. Adiós, princesa; me embriagaré con el vino de tus palabras para aturdir el dolor de esta absurda realidad.

lunes, 27 de febrero de 2012

MUJER TENÍA QUE SER



Habéis picado y me alegro de ello. No iban por ahí los tiros, malpensados/as. Me refiero, claro está, a Shahrazad o Sherezade, la encarnación o tal vez la mitificación de la creación literaria. En efecto, Shahrazad personifica todos los sueños de la humanidad, lo mejor y lo peor de nosotros mismos, y lo que es más: la mayor de nuestras victorias sobre la tiranía de la realidad. Porque, en palabras de Gustavo Martín Garzo: “el hombre no puede alimentarse tan solo de realidad, necesita relatos que le permitan transformar las pequeñas circunstancias de su vida en algo significativo y precioso que pueda compartir con sus vecinos”. El hombre necesita soñar… y escuchar los sueños ajenos.
Shahrazad guarda en sus labios el mayor tesoro de la humanidad, la alquimia capaz de engendrar criaturas inimaginables. Mediante estas quimeras no sólo hace soñar al lector sino que también se salva de un destino fatal y además también nos salva de ese mismo destino a los que nos ponemos en sus manos. La imaginación es la única tabla de salvación que nos queda frente al aplastante peso de la realidad, una realidad que nos conduce de manera indefectible hasta el abismo. Por eso hemos de reconocer que hay más vida en las palabras escritas que en la propia existencia. Por eso y porque nadie puede separar los sueños de la realidad.
Apuntaba Proust que “la verdadera vida, la única realmente vivida reside en la literatura” ¿Exageraba? ¿De qué otro modo podemos conocer la complejidad del mundo si no es mediante la riqueza extraída de las ficciones escritas?
No leer relatos implica la renuncia a la mitad de nuestro ser. Cabe la posibilidad de sustituir la palabra escrita por el relato cinematográfico. Aunque todo hace suponer que nuestra sociedad se encamina hacia lo audiovisual como soporte de esa necesidad, la transformación del relato narrado en imagen no deja de ser un sucedáneo.
Shahrazad, la de los ojos almendrados, la princesa de nuestros sueños, la heroína que venció a la muerte sin otra ayuda que la del ingenio, nos mostró el camino para penetrar en el único territorio infinito que siempre quedará por explorar: muestra imaginación.
Mujer tenía que ser.

(Este artículo es un modesto homenaje al de Gustavo Martín Garzo, titulado “Las vírgenes suicidas” publicado en el diario El País el pasado 19 de febrero de 2012)