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lunes, 25 de noviembre de 2013

BOB WILSON II


A la vista de las respuestas -y preguntas- que ha suscitado el primer fragmento de estos Sonetos de Shakespeare, de la Berliner Ensemble, dirigidos por Robert Wilson, enlazo aquí otro poema visuale de gran belleza. 
Los comentarios han ido desde lo "sublime", "fantástico", "envidiable", "increíble", "poesía en estado puro", "genial"... hasta preguntas con doble intención como "¿pero esto es teatro, ópera, cabaret, o lo es todo y nada al mismo tiempo?"
Nadie dijo "cursi" o echó de menos la traducción simultánea. ¿Por qué será?
Pues eso: que cada uno entienda la vida como ha de entenderla y la goce en su medida.

sábado, 23 de noviembre de 2013

LA INALCANZABLE MAGIA DE ROBERT WILSON

Teatro es poesía puesta en pie. Es ese espacio inexistente donde la mente colectiva puede llegar a alcanzar la categoría de "inteligente". Es locura que se torna arte. Es la caricia evanescente de unas alas de mariposa.
El teatro entendido por Robert Wilson nos transporta hasta el origen de este arte que nació como necesidad de hacer escarnio del poder, creció en forma de catarsis social, y alcanzó su cénit elevando la emoción más allá de cualquier frontera.
Ahora que el teatro anda disipado en banales pucheros de garbanzo insulso, entreteniendo a la burguesía insatisfecha con melodramas de salón y palabras zafias, es bueno recordar que nunca dejará de latir el corazón de la afortunada anomalía.
Anomalía es ese país donde habita el mago Robert Wilson, poeta de la escena, y realizador de fantasías imposibles.
Wilson decidió hace mucho tiempo renunciar a la facilidad de un lenguaje naturalista y escudriñar el éxtasis del entendimiento y los sentidos por medio del extrañamiento.
Los actores de Wilson encarnan modelos grotescos, excesivos, fascinantes, capaces de flotar por es escenario como duendes.
En la genial inerpretación de los sonetos de Shakespeare, cada detalle, -vestuarios y maquillajes que fluctúan entre el teatro isabelino y la comedia del arte, abigarradas interpretaciones musicales, impecables efectos de luces- ha sido cuidado milimétricamente. 
Cuando la fantasía de Wilson entró en simbiosis con esa nave extraterrestre que es la Berliner Ensamble, el resultado es poesía. Y cuando digo poesía no me refiero a nuestros ripios del siglo de oro, sino a esa emoción inefable que nos hace elevarnos más allá de nuestra torpe condición de mortales.
No es necesario saber idiomas para extasiarse con estas imágenes.